Metroid Prime 4 y el arte de esperar 8 años para un juego del montón
Para empezar, vamos con un poco de historia… En este caso, la de Samus Aran es básicamente el culebrón espacial definitivo.
Todo empieza en K-2L, donde Ridley (ese pterodáctilo con esteroides y muy mala leche) decide hacer una barbacoa con los padres de Samus delante de ella. ¿Trauma? Total. Pero tranquilos, que aparecen los Chozo —unos pollos humanoides muy listos— y, en lugar de pagarle un psicólogo, deciden llevársela a Zebes, meterle ADN de pájaro hasta en el carnet de identidad y regalarle un Traje de Poder para que se busque la vida. Tras un breve paso por la Federación (donde descubrió que obedecer órdenes no es lo suyo), se hizo autónoma para poder disparar primero y preguntar nunca.
Su «semana fantástica» continuó en la trilogía Prime, donde se dedicó a limpiar la galaxia de Phazon, una sustancia radiactiva azul que corrompía todo lo que tocaba. Aquí le tocó pelearse con Dark Samus, que era básicamente ella misma pero en versión gótica, malvada y hecha de residuos tóxicos. Después de pasarlo fatal, infectarse y ver morir a todos sus compañeros (lo típico en su vida), Samus terminó reventando el planeta Phaaze entero, porque ella no soluciona problemas, los vuela por los aires.
Pero claro, la paz dura menos que la batería de la Switch original. Aunque el Phazon es historia, Metroid Prime 4: Beyond rescata un cabo suelto que lleva años cogiendo polvo: Sylux. Este tipo es el «stalker» oficial de la saga, un cazarrecompensas que lleva persiguiendo a Samus desde los finales secretos de hace 20 años y robando cosas en Federation Force (sí, ese juego que intentamos olvidar). Ahora, por fin, deja de esconderse para ser el dolor de muelas principal en el planeta Viewros, obligando a Samus a enfrentarse a una venganza que se ha cocinado a fuego demasiado lento.
Metroid Prime 4: Beyound ¿Éxito o castañazo?
Pues al parecer va a resultar que el «Juego de la Generación» se va a quedar en un «juego del montón». Y es que las reviews no dan muchas esperanzas de que acabe siendo un candidato a GOTY con ese 80 pelado en Metacritic (bueno 81, si quieres ser generoso con las décimas para no llorar).
¿Ocho años esperando? ¿Un reinicio completo del desarrollo? ¿El regreso triunfal de Retro Studios? ¿Todo eso para sacar la misma nota que le ponen la mierda de Call of Duty de turno o al FIFA de cada año? Permitidme que me ría para no llorar…
Aquí tienes la realidad sin el filtro de «fanboy de Nintendo»:
- La caída de los dioses: El primer Metroid Prime tiene un 97. El segundo un 92. Este tiene un 80. En el colegio, si pasas de sacar sobresalientes a sacar un «bien», tus padres no te felicitan, te quitan la consola. Pues eso.
- El desierto de la vergüenza: Las críticas lo dicen claro: han metido un mundo abierto desértico (el hub) que está más vacío que la cabeza de un influencer. «Oh, mira, puedo ir en moto». Felicidades, Samus ahora es repartidora de Glovo en Tatooine. Innovación, lo llaman.
- NPCs chapas: ¿Te gustaba Metroid por la soledad y la atmósfera opresiva? Pues te aguantas. Ahora tienes NPCs, compañeros de la Federación dándote la turra por el pinganillo. Porque claro, lo que le faltaba a Samus era aguantar «charlas de ascensor» mientras intenta salvar la galaxia.
- «Es que la prensa no lo entiende»: Ya estoy viendo a los Nintenderos en Twitter (o X, o como se llame esta semana) con el control de daños. «Es que el juego es de nicho», «es que un 8 es una notaza». No, cariño. Un 8 para un indie de 20 euros es una notaza. Un 8 para el juego más caro y esperado de la historia reciente de Nintendo es un batacazo.
¿Te vas a gastar 60 euros en él? Aunque no te lo creas yo sí. ¿Por qué? No hay mucho donde elegir en el catálogo de juegos exclusivos para Nintendo Switch 2 y además no es un Game Key Card… Pero que sepas que no vas a comprar el Santo Grial, estás comprando un juego del montón, eso sí, con una pegatina de Samus.
Tantos años de misticismo para acabar jugando a un shooter del 2010 con gráficos de 2025 (y gracias a que la Switch 2 tira en 4K, que si no…).
De nada por arruinarte la ilusión. Siguiente.