Febrero de 2026: Nintendo nos trae raquetas, zombis y remakes que huelen a déjà vu
A ver, que se nos agolpa la ‘novedad’ en la puerta del salón. Febrero de 2026 se nos presenta como un mes digno de análisis freudiano para los usuarios de Nintendo Switch 2. Tenemos por un lado a Mario Tennis Aces (que ellos, con una imaginación desbordante, llaman Mario Tennis Fever, ¡qué originalidad!) intentando convencernos de que jugar a tenis con un fontanero regordete es la cumbre del entretenimiento moderno. Señores, estamos hablando de pelotas que vuelan solas, de power-ups que desafían la física y, lo más importante, de la certeza de que, a estas alturas, hasta el más pintado se sabe los movimientos de memoria. ¡Abróchense los cinturones porque viene la misma emoción de siempre!
Y mientras tanto, el apocalipsis…
Porque no hay nada como una buena dosis de gore y angustia para animar la sobremesa. Resident Evil, esa saga que ha decidido resucitar más veces que Lázaro en versión japonesa, nos trae Resident Evil Village: Requiem (o como demonios le pongan el nombre esta vez). Prepárense para correr, esconderse y, sobre todo, para gastar balas como si no hubiera un mañana. Porque la mejor manera de superar la crisis de los 40 es, al parecer, aniquilar hordas de muertos vivientes una y otra vez. Lo que faltaba para que el estrés post-vacacional se convierta en estrés pre-apocalíptico.
El regreso de lo que ya conocíamos, pero más brillante (supuestamente)
Y para rematar el festín de lo ‘nuevo’, tenemos a Dragon Quest VII, reimaginado, por supuesto. Porque si algo necesita un juego que salió en el año 2000, es una capa de pintura y un poquito de Photoshop para justificar un nuevo precio. ¿Veremos gráficos que quiten el hipo? ¿Cambios jugables que revolucionen el género? Lo dudo. Lo que sí veremos es a muchos nostálgicos abriendo la cartera, convencidos de que esta vez sí, esta vez será diferente. Spoiler: no lo será.
En definitiva, febrero de 2026 nos trae lo de siempre, pero con envoltorio. Más Mario, más zombis, más J-RPG que te harán desear tener un mando con tres botones. Y nosotros, aquí, para contárselo. Porque alguien tiene que hacerlo.
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